"Método Gronholm," dirigida por Marcelo Piñeyro en 2005, es un thriller psicológico que trasciende la mera narrativa de selección de personal para explorar las profundidades de la ambición, la ética y la deshumanización inherentes a ciertos entornos corporativos. Basada en la obra teatral homónima de Jordi Galcerán, la película sigue a siete candidatos que aspiran a un puesto de alta dirección en una multinacional. Lo que comienza como una serie de pruebas aparentemente convencionales pronto se revela como un macabro experimento diseñado para someter a los aspirantes a presiones extremas, obligándoles a traicionarse mutuamente y a cuestionar su propia identidad. La tesis central de la película es que la búsqueda implacable de éxito en un sistema competitivo puede erosionar la moralidad y la solidaridad humana, transformando a individuos en meros engranajes de una máquina desalmada.
La estructura de la película es deliberadamente claustrofóbica y tensa. Desde el principio, los siete protagonistas son confinados en una oficina minimalista, desprovista de referencias externas o puntos de fuga. Este espacio cerrado funciona como un microcosmos de la sociedad corporativa, donde las jerarquías y las alianzas se forman y se rompen con la misma rapidez. La trama se desarrolla a través de una serie de pruebas cada vez más crueles, orquestadas por un programa de ordenador anónimo al que llaman "Gronholm". Estas pruebas no buscan evaluar habilidades técnicas, sino la capacidad de los candidatos para manipular, engañar y, en última instancia, eliminar a sus competidores. Por ejemplo, se les pide que identifiquen a un traidor dentro del grupo o que den razones para despedir a uno de ellos. La presión aumenta con la eliminación sucesiva de los candidatos, cada uno expulsado de forma humillante o, en algunos casos, con un destino más siniestro.
La película destaca por su representación de personajes arquetípicos, aunque complejos. Federico (Eduardo Noriega), el protagonista con un pasado turbio, se debate entre la necesidad de ganar y sus remordimientos. Encarna la figura del ambicioso pero consciente de la crueldad del sistema. Por otro lado, tenemos a Nuria (Najwa Nimri), una mujer decidida y sin escrúpulos, que parece prosperar en el ambiente hostil. Los demás candidatos representan diferentes facetas de la ambición: el idealista decepcionado, el veterano cínico, el joven ingenuo. La interacción entre ellos, marcada por la desconfianza y la estrategia, es el motor principal de la tensión. La falta de información sobre la empresa y el propósito real del "Método Gronholm" intensifica la sensación de desorientación y paranoia.
El clímax de la película revela que el "Método Gronholm" es en realidad una prueba de selección simulada, ideada por un ejecutivo de la empresa llamado Ricardo (Carlos Lasarte), quien, hasta ese momento, se había presentado como un simple empleado de recursos humanos. Su objetivo era encontrar al candidato más apto para un puesto que requería una ética flexible y una gran capacidad de adaptación a situaciones extremas. La película culmina con la elección de Federico, quien, a pesar de sus luchas internas, demuestra ser el más hábil en el juego de la supervivencia corporativa. Sin embargo, la resolución es agridulce, ya que plantea la incómoda pregunta de si hemos celebrado la victoria de un individuo o la glorificación de un sistema que premia la crueldad y la manipulación. El final deja una sensación de desasosiego, sugiriendo que el verdadero "método Gronholm" no es solo una prueba, sino la propia naturaleza de la competencia desenfrenada.